Condenas

Con un pronóstico de seis meses muchos le dijeron que no estaba solo, pero sí lo estaba, porque nadie partió con él; nadie conoció su vida; nadie sabía cómo era ser mayor que Pablo, pero menor que Laura, ni cómo lo ofendía su padre o a qué sabía el consuelo de la abuela cuando nadie observaba. Tampoco, cómo era ver el mundo desde el fondo de un túnel en penumbra, muy parecido al pasillo de la primera casa en que vivieron y desde donde, una madrugada, miró a su padre golpear a mamá por primera vez.

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